Brownies de chocolate y...¿espinaca?

junio 22, 2016 Mi vida en color verde 0 Comments

Que nadie tiene que sentirse mal por dejarse llevar y entregarse a unos brownies de chocolate caseros recién hechos está más que claro. Pero... ¿y si a esa combinación le añadimos un toque de verde? 

Es una receta que he preparado ya unas cuantas veces y nunca falla. Es fácil, sana, sencilla y se prepara rapidísimo. Además, es idónea para camuflar algo de verde entre tanto dulzor y que los no-fans de la verdura (como por ejemplo, muchos niños) la coman sin darse cuenta. ¡Allá vamos!

Ingredientes

100 g de espinacas
200 ml de leche vegetal (vuestra preferida, yo suelo usar de almendra)
250 g de azúcar integral o de coco
2 cucharadas de aceite de coco
175 g de harina integral
70 g de cacao orgánico en polvo
1 cucharadita de levadura en polvo
1/2 cucharadita de sal
85 g de pepitas de cacao

Tanto el azúcar, como el aceite o la harina, pueden sustituirse por las opciones normales. No tienen por qué ser de coco o integrales, simplemente especifico los ingredientes que a mí me gusta usar para hacer una versión más saludable.




¡Manos a la obra!

Ponemos a precalentar el horno a 180º y con ayuda de un spray de aceite (o un chorrito y nuestras manos) engrasamos un poco un molde no muy alto de tartas o bizcochos (dependiendo del grosor que queramos obtener).

Con ayuda de la batidora, mezclamos la leche vegetal con la espinaca hasta conseguir una mezcla suave y sin grumos y la añadimos a un recipiente junto con el azúcar y el aceite de coco previamente derretido. Mezclamos.

En otro recipiente, mezclamos la harina tamizada, el cacao en polvo, sal y levadura e incorporamos al recipiente con la mezcla líquida. Mezclamos hasta conseguir una masa densa, y en este momento incorporaremos a la mezcla las pepitas de cacao (o si lo preferís, podéis añadir nueces, uvas pasas...¡al gusto!)

Finalmente, una vez mezclado, echamos la mezcla en el molde para horno y horneamos durante 35 minutos a 180º. Para comprobar que está listo, pincharemos en el centro con un cuchillo o tenedor y comprobaremos que sale limpio. Una vez que esté dorado a nuestro gusto, retiramos del horno y dejamos enfriar. Es ahora cuando podremos cortar la masa en unos cuantos brownies y ya estará listo para compartir con nuestros amigos.

¡Disfrutad!

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Comer vegano en Madrid

junio 15, 2016 Mi vida en color verde 1 Comments


Como ya he contado en otras ocasiones, llevo casi 3 años viviendo en Inglaterra y sin duda, ser vegano en tierras inglesas es muy, pero que muy fácil. En una proporción más discreta, el veganismo ha ido creciendo en España año tras año, cosa que he ido notando a medida que visitaba mi tierra, Asturias, cada pocos meses, aunque sabía que ciudades como Madrid o Barcelona eclipsarían en gran medida el resto de opciones que tenemos en España. Y así ha sido.

La semana pasada mi chica y yo aprovechamos nuestra vuelta a casa durante 3 semanas para hacer una escapada a tierras madrileñas en busca de sol, calor y comida rica. Y una vez más, Madrid no ha defraudado.

Son tantos los sitios veganos o con opciones veganas en su menú, que era absolutamente imposible conocerlos todos, así que con ayuda del Señor Google y mucha paciencia, seleccionamos los sitios que más nos apetecía visitar. No creo en el exceso de información, así que ¿por qué no compartir mis experiencias y unas cuantas fotos para saber lo que esperar de cada sitio? ¡Ahí va!. Espero que lo disfrutéis y que si algún día estáis de paso por la capital española, esta pequeña muestra os haga la toma de decisiones un poco más fácil.

Shishang
Concepción Arenal, 3
Habíamos oído hablar muy bien de este sitio, cuyo servicio estrella es el Buffet Libre por 8'95€ durante las comidas (9'95€ fines de semana y 9'50€ si queréis ir a cenar). Además del buffet, cuentan con menú diario que oscila entre los 6 y los 8 euros, aunque sinceramente, dado el precio y la variedad del buffet, no compensa. ¡Dejaros llevar! Lo más sorprendente del Shishang es su selección de carnes vegetales, que imitan pato, ternera, pollo en diferentes versiones (como pollo empanado al limón), además de gran variedad de arroces, noodles, ensaladas, sushi vegano...todo lo necesario para salir rodando. Su punto débil son los postres. La mayoría son vegetarianos, y las dos opciones que tenían veganas (eso sí, perfectamente indicadas) no estaban nada ricas. Sea como sea, teníamos hambre, nos apetecía dejarnos llevar y perder el sentido comiendo, y fue lo que hicimos. No es un sitio al que iría todas las semanas, ya que tantísima carne vegetal y salsas llenas de aceite no me sientan especialmente bien, pero sin duda merece que de cuando en cuando nos entreguemos a su buffet y perdamos el sentido.


Loving Hut
Calle de los Reyes, 11
¡Lo que nos íbamos a perder! Loving Hut es una cadena de restaurantes 100% vegetarianos conocida a nivel mundial. Nos topamos con sus locales en California el año pasado, y hace muy poco en la visita que hicimos a Brighton para el Vegfest 2016 (hablo en plural, ya que básicamente mi chica siempre está a mi lado dispuesta a entregarse a la comida rica). ¿Sinceramente? Llegamos al Loving Hut de Madrid porque otro local que estábamos buscando (Ay mi madre! en la Calle de la Palma, 41) estaba cerrado. Habíamos quedado a comer con una amiga que no sigue nuestro estilo de vida, así que habíamos oído hablar de ese local en el que tienen una buena selección de pizzas y bocadillos veganos (ya sabéis, tomad nota también). El caso es que estaba cerrado, y por proximidad Loving Hut era el sitio más cercano, así que allá fuimos. La experiencia previa que habíamos tenido en Inglaterra se resumía en: rico, caro, escaso. No estábamos especialmente emocionados. ¡Pero menudo sorpresón! Aunque tienen menú del día, nos dejamos llevar por la emoción y decidimos probar muchísimas cosas de la carta. Como entrante compartimos unas croquetas de champiñones y cebolla, unos rollitos del chef con salsa de ajo y un trozo de empanada de soja texturizada con verduras (muy rica, aunque con la masa bastante blandengue, su único fallo).


Justo después pasamos a los platos principales. Éramos 3 para comer así que compartir 3 entrantes y 3 platos principales era lo justo, ¿no?. Fue aquí donde tocamos el cielo. El arroz Delicias 7 mares está increíble. La mezcla de sabores es una gozada, especialmente por los trocitos de alga (de la que no soy especialmente fan) que camuflados entre el arroz y resto de verduras, le dan un toque a pescado digno de probar. A continuación llegaron los fideos fritos con verdura y carne vegetal. La pintaza que tienen en la foto lo dice todo. Quiero más y los quiero ahora. Como último plato (y el más decepcionante) llegaron los nuggets de "pollo". Resulta que nos esperábamos algo parecido a unos nuggets tal y como los conocemos, pero no era así. Además venían servidos con piña caliente (que todos detestábamos). Aunque estaban ricos, no fue el mayor de nuestros aciertos.


Como traca final (sí, comemos bien y en cantidad, ¿vale?) decidimos compartir un postre. Porque sí, porque estaba todo muy rico y había que probarlo todo. Mi máxima decepción fue la siguiente: punto número 1, no soy una persona de dulce. Salado forever; punto número 2: en la carta aparecía tarta de queso y tarta de zanahoria (los únicos postres por los que pierdo el sentido). Finalmente resultó que estaban agotadas y tan solo tenían esta tarta de chocolate, que si bien estaba rica, yo no pude darle más que un par de mordiscos. Pero ¡eh!, no me hagáis mucho caso, que yo no soy de postres. Una gran comida, 2 botellas de agua fría y 2 cafés con leche de avena después, pagamos un total de unos 60 euros (20 por persona), precio más que razonable para lo bien que habíamos comido y lo generosos que eran los platos (¡nada que ver con sus locales de Inglaterra!). Quedamos tan sumamente contentos que la noche posterior pedimos otros fideos chinos y el arroz a domicilio.


B13
Calle de la Ballesta, 13
Bueno, vamos a ponernos serios. El arroz, las ensaladas y las verduritas al vapor están muy bien...pero de vez en cuando nos apetece indigestarnos a base de marranadas. ¡Y estáis de suerte, porque conocemos el sitio perfecto para ello! Un par de Estrella Galicia, una tapita de humus casero, unas croquetas de setas y ajos, mini san jacobos, patatas bravas, y... ¿espera? ¿qué es eso? Sí, ahí estaba. Mirándome fijamente a los ojos. Una tortilla de patata (vegana, claro) tan grande como la rueda de un camión. Resulta que la tortilla del B13 era famosa a nivel universal y yo sin saberlo. ¡La madre que los parió! Se merece su fama y más. Lo que más me ha dolido es que yo era feliz con mi tortilla vegana. Creía que estaba riquísima y era realista. Y todo era una mentira. Pincho de tortilla para merendar, pincho de tortilla para desayunar, pincho de tortilla para llevar por favor, que lo voy a desayunar mañana en el apartamento. Así pasaron mis días. Realmente espectacular... Cierto es que una de las veces estaba bastante sosa (cosas que pasan), pero con un poco de veganesa aquello se convirtió nuevamente en un manjar recién llegado del cielo. Debéis probarlo, en serio. Os hará mejores personas.



Viva Burger
Costanilla de San Andrés, 16
Qué difícil. Era nuestro último día y había que decidir qué nos apetecía comer y lo más importante...dónde. Habíamos oído hablar muy bien de Viva Burger, pero no teníamos claro que tras las repetidas indigestiones de los últimos días, sentarnos a comer una hamburguesa fuese la más acertada de las decisiones. Pero una cosa llevo a la otra, y unas cañas y un paseo por La Latina más tarde, allí aparecimos. ¡Y menos mal que fuimos!. No es la opción más barata, pero tiene una carta muy amplia, menú diario y precios razonables. Aproximadamente el precio por hamburguesa (en carta) suma unos 13 euros y vienen acompañadas de patatas. La bebida no va incluída, así que estimad unos 15-20€ por persona si queréis comer de carta. Si vuestra opción se centra más en menú del día, por unos 12 euros podéis comer menú completo que también incluye hamburguesa (obviamente, no de las mismas dimensiones que las de la carta).


Yo opté por la Burger Chingona (con aguacate y pico de gallo) y mi chica por la Burger Queen (con queso vegano curado, tomate asado y cebolla caramelizada). Sinceramente, ambas estaban espectaculares y preparadas con muuuucho mimo. ¡Yo os recomiendo la mía! ¡Aguacate al poder! 


Heladería Giuseppe Ricci
Calle de las Huertas, 9
Después de un paseo y bajar la hamburguesa del Viva Burger, el cuerpo nos pedía algo fresco, así que inicié mi búsqueda online tratando de encontrar helados caseros veganos por el centro de Madrid. Tras un paseo no demasiado largo, llegamos a la Heladería Giuseppe Ricci. Resulta que normalmente tienen anunciados un par de helados (nata y chocolate) como helados veganos, ya que están hechos con leche de soja, pero una vez allí y hablando con ellos, nos especificaron que prácticamente el 90% de sus helados están simplemente hechos a base de fruta natural y azúcar, cero lácteos. Además, tienen opciones sin azúcar, como el helado de avellana que probamos, que estaba espectacular. Conocen su público y saben de lo que hablan, cosa que siempre es de agradecer, así que si os apetece algo fresco, pasaros por allí y no dudéis en preguntarles cuáles son sus opciones veganas. ¡Tendréis varias para elegir!


Y con esto, tristemente se acabó nuestra ruta gastronómica por Madrid. Aún tenemos muchísimos sitios pendientes, pero espero que esta pequeña selección de lo que yo he conocido os ayude un poco cuando visitéis la capital española. Nosotros volveremos.

No dudéis en comentar cuáles son vuestros sitios favoritos y prometo seguir haciendo posts como estos cada vez que visite diferentes ciudades españolas.

¿Os interesaría un post sobre los mejores restaurantes veganos en Londres o Inglaterra a nivel general?

¡Hasta pronto!

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El vegano perfecto

junio 13, 2016 Mi vida en color verde 0 Comments


La Real Academia Española define el veganismo como una actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consumo de origen animal. Pero, ¿realmente hasta qué punto es verídica esta definición? ¿Es una dieta, una moda, una filosofía o un estilo de vida?

Es difícil afrontar este tema y sentarme a escribir sobre ello cuando ni tan siquiera dentro de la comunidad vegana existe en ocasiones un punto en común a la hora de definirnos. Para mí, el veganismo es un estilo de vida basado en la compasión y en el respeto hacia todos los seres con los que convivimos en este planeta, en el que por supuesto tenemos como eje el mundo animal, los sin voz. No creo que los animales sean más o menos importantes que los humanos, pero sí creo que son los seres más explotados e indefensos de este mundo, y merecen que dejemos de hacerles esto. A fin de cuentas, ¿quién más que nosotros va a poder alzar la voz por ellos?

Me gusta entender el veganismo como un estilo de vida (y no como un movimiento político, dieta, religión, secta o mundo imaginario idílico), porque día a día como ser humano tengo que tomar una y otra vez decisiones conscientes sobre lo que me voy a llevar a la boca, la ropa con la que voy a vestirme esa mañana o en infinidad de ocasiones el tipo de evento al que vamos a acudir. Creo que con nuestras acciones y con nuestro dinero movemos masas. Somos nosotros los que al pagar un producto en un supermercado o en una tienda de ropa generamos una demanda. Si esa demanda no existe, ese producto terminará por desaparecer, o en el peor de los casos, limitará su producción.

No me parece justo definir el veganismo como una dieta. Es frío, y es falso (¡Tú no eres vegano, lo que eres es vegetariano y da gracias, mala gente!). En una dieta no hay empatía, no hay sentimiento, no hay rabia o pasión. La confusión con respecto a este tema no viene más allá de la simple realidad de que somos seres sociales, nos gusta comer y cenar fuera en la medida de lo posible, y además la comida juega un papel importantísimo en nuestro día a día, y es ahí donde más nos exponemos, donde más llamamos la atención. A nadie le preocupa si tu ropa lleva lana o algodón, pero si te sientas a compartir una comida y preguntas al camarero delante de tus compañeros de mesa si determinado plato lleva leche o huevos, estás llamando la atención. Eres raro.

Debatiendo sobre este tema hace unos meses, tuve un gran reproche por parte de gente de esta comunidad. Yo no era suficientemente vegano. Daba igual la cantidad de años que llevase sin consumir alimentos de origen animal, sin vestir pieles, sin financiar el maltrato de seres indefensos, colaborando con organizaciones o intentando cambiar poco a poco a los que tenía a mi alrededor con mi ejemplo. Había llamado al veganismo un estilo de vida. Y merecía arder por ello. Para algunos, el veganismo es un movimiento político en el que el especismo es su máximo problema. Sinceramente, no entendía este aspecto del término, ni entendía qué había de malo en preocuparme por dónde iba a salir a cenar ese sábado. Ahora, visto desde otro tipo de perspectiva, aunque soy consciente de la gravedad del especismo, no conseguía sentirme cómodo debatiendo con ellos. ¿Por qué tanta rabia?

Creo que si realmente pretendemos cambiar el mundo, debemos de hacerlo siempre desde la empatía, la paciencia, el respeto. Trabajar todas estas cualidades personales para proyectarlas en la gente que nos rodea forma parte de mi vida, de mi yo. De ahí que entienda el veganismo como un estilo de vida.

Tú puedes verlo como una dieta.
Tú puedes verlo como un movimiento político.
Tú puedes verlo como una amenaza.
Tú puedes verlo como el futuro.
Nadie tiene la razón absoluta 

Esto del veganismo es un camino muy largo y muy bonito que se empieza para no mirar atrás. En el que se puede tropezar y en el que aún con la mejor de las intenciones se pueden cometer errores. Centrémonos en lo que nos hace iguales. 

Tú, que aún comes carne y estás pensando en reducir su consumo (¡Ánimo, tú puedes!). 
Tú, que te has hecho vegetariano y estás siendo juzgado por no estar haciendo lo suficiente (¡Ánimo, tú puedes!)
Tú, que acabas de hacerte vegano y has "pecado" un par de veces (¡Ánimo, tú puedes!)

El cambio está dentro de nosotros.
No existe el vegano perfecto. 

No sé a vosotros, pero a mí siempre me han funcionado más las palmaditas en la espalda que los empujones hacia atrás y las zancadillas.

Por pensar en las víctimas, en los sin voz, por mover algo dentro de ti en la dirección correcta, ya lo estás haciendo bien.

Todo llega. 



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