El vegano perfecto

junio 13, 2016 Mi vida en color verde 0 Comments


La Real Academia Española define el veganismo como una actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consumo de origen animal. Pero, ¿realmente hasta qué punto es verídica esta definición? ¿Es una dieta, una moda, una filosofía o un estilo de vida?

Es difícil afrontar este tema y sentarme a escribir sobre ello cuando ni tan siquiera dentro de la comunidad vegana existe en ocasiones un punto en común a la hora de definirnos. Para mí, el veganismo es un estilo de vida basado en la compasión y en el respeto hacia todos los seres con los que convivimos en este planeta, en el que por supuesto tenemos como eje el mundo animal, los sin voz. No creo que los animales sean más o menos importantes que los humanos, pero sí creo que son los seres más explotados e indefensos de este mundo, y merecen que dejemos de hacerles esto. A fin de cuentas, ¿quién más que nosotros va a poder alzar la voz por ellos?

Me gusta entender el veganismo como un estilo de vida (y no como un movimiento político, dieta, religión, secta o mundo imaginario idílico), porque día a día como ser humano tengo que tomar una y otra vez decisiones conscientes sobre lo que me voy a llevar a la boca, la ropa con la que voy a vestirme esa mañana o en infinidad de ocasiones el tipo de evento al que vamos a acudir. Creo que con nuestras acciones y con nuestro dinero movemos masas. Somos nosotros los que al pagar un producto en un supermercado o en una tienda de ropa generamos una demanda. Si esa demanda no existe, ese producto terminará por desaparecer, o en el peor de los casos, limitará su producción.

No me parece justo definir el veganismo como una dieta. Es frío, y es falso (¡Tú no eres vegano, lo que eres es vegetariano y da gracias, mala gente!). En una dieta no hay empatía, no hay sentimiento, no hay rabia o pasión. La confusión con respecto a este tema no viene más allá de la simple realidad de que somos seres sociales, nos gusta comer y cenar fuera en la medida de lo posible, y además la comida juega un papel importantísimo en nuestro día a día, y es ahí donde más nos exponemos, donde más llamamos la atención. A nadie le preocupa si tu ropa lleva lana o algodón, pero si te sientas a compartir una comida y preguntas al camarero delante de tus compañeros de mesa si determinado plato lleva leche o huevos, estás llamando la atención. Eres raro.

Debatiendo sobre este tema hace unos meses, tuve un gran reproche por parte de gente de esta comunidad. Yo no era suficientemente vegano. Daba igual la cantidad de años que llevase sin consumir alimentos de origen animal, sin vestir pieles, sin financiar el maltrato de seres indefensos, colaborando con organizaciones o intentando cambiar poco a poco a los que tenía a mi alrededor con mi ejemplo. Había llamado al veganismo un estilo de vida. Y merecía arder por ello. Para algunos, el veganismo es un movimiento político en el que el especismo es su máximo problema. Sinceramente, no entendía este aspecto del término, ni entendía qué había de malo en preocuparme por dónde iba a salir a cenar ese sábado. Ahora, visto desde otro tipo de perspectiva, aunque soy consciente de la gravedad del especismo, no conseguía sentirme cómodo debatiendo con ellos. ¿Por qué tanta rabia?

Creo que si realmente pretendemos cambiar el mundo, debemos de hacerlo siempre desde la empatía, la paciencia, el respeto. Trabajar todas estas cualidades personales para proyectarlas en la gente que nos rodea forma parte de mi vida, de mi yo. De ahí que entienda el veganismo como un estilo de vida.

Tú puedes verlo como una dieta.
Tú puedes verlo como un movimiento político.
Tú puedes verlo como una amenaza.
Tú puedes verlo como el futuro.
Nadie tiene la razón absoluta 

Esto del veganismo es un camino muy largo y muy bonito que se empieza para no mirar atrás. En el que se puede tropezar y en el que aún con la mejor de las intenciones se pueden cometer errores. Centrémonos en lo que nos hace iguales. 

Tú, que aún comes carne y estás pensando en reducir su consumo (¡Ánimo, tú puedes!). 
Tú, que te has hecho vegetariano y estás siendo juzgado por no estar haciendo lo suficiente (¡Ánimo, tú puedes!)
Tú, que acabas de hacerte vegano y has "pecado" un par de veces (¡Ánimo, tú puedes!)

El cambio está dentro de nosotros.
No existe el vegano perfecto. 

No sé a vosotros, pero a mí siempre me han funcionado más las palmaditas en la espalda que los empujones hacia atrás y las zancadillas.

Por pensar en las víctimas, en los sin voz, por mover algo dentro de ti en la dirección correcta, ya lo estás haciendo bien.

Todo llega. 



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