Calzado vegano. ¿Qué marcas utilizo?

diciembre 13, 2017 Mi vida en color verde 1 Comments


Cuando alguien piensa en hacerse vegano, normalmente solo se centra en el factor alimentación, pensando que todo se limita a no consumir carnes, pescado, queso, huevos, leche o miel. Y si bien cada uno vive su transición de forma progresiva y personal, en el veganismo no todo se limita a comer.

¿Qué pasa con lo que vestimos? 

A nivel personal, he pasado por muchas fases desde que me hice vegano hace ya casi 4 años. Tenía claro que no iba a comprar nuevos productos con materiales de origen animal, aunque no entendía muy bien por qué debía de deshacerme de la ropa y calzado que ya tenía desde antes. A fin de cuentas, ese animal ya había muerto por mi culpa y poco o nada podía hacer al respecto.

Si bien sigo pensando lo mismo, es cierto que cuanto más me educaba y más conectaba con los animales, más incómodo me resultaba vestir estas prendas. Digamos que me hice plenamente consciente de lo que estaba vistiendo y cada vez me resultaba más duro mirarme a los pies y ver unos zapatos de ante o ponerme una chaqueta con cuero o lana. Por no hablar de aquellos momentos en los que me veía envuelto en pequeños debates sobre veganismo y defendía mi postura vistiendo los restos de un animal. No era una estampa bonita.

Y así, progresivamente, comencé a donar la ropa y el calzado que poco a poco fui sustituyendo por sus equivalentes veganos. Obviamente no todos podemos permitirnos cambiar el armario de la noche a la mañana, así que aún conservo cosas que necesito reemplazar, pero todo se andará.



¿Qué hace que un calzado no sea vegano?

Además de lo evidente, como el uso de diferentes tipos de pieles animales, algunas colas, tintes o pegamentos usados en el proceso de fabricación del calzado son de origen animal. De ahí que algunos modelos de zapatos puedan aparentemente ser veganos por no llevar piel, pero en realidad no lo sean. Normalmente, con una pequeña búsqueda en google o contactando directamente con las marcas, se puede averiguar el origen de sus materiales, aunque desde luego el proceso de búsqueda de calzado a mí se me limita mucho más que el de encontrar ropa, por eso trato de buscar marcas que se definan como veganas o animal free y estén certificadas.

¿Qué marcas utilizo?

Una vez que empiezas a buscar, no es difícil encontrarse con muchas webs que cuentan con sección vegana, o incluso marcas internacionales como las conocidísimas Dr. Martens, que han creado las versiones veganas de sus modelos más emblemáticos.

Otra web que me encanta y cuyos zapatos he visto en persona en algunos festivales veganos de Londres y cuentan con una variedad increíble, además de tener muy buena calidad, es Will's London, con los que muy posiblemente contaré para mi boda el próximo año (para zapatos y cinturón).

Al margen de estas pequeñas recomendaciones, hoy os quiero hablar de las marcas que considero esenciales para el día a día, y que además llevo utilizando mucho tiempo y podría recomendar de tú a tú.

Natural World



Relativamente de reciente creación, tienen sus oficinas en La Rioja y aunque su firma no es vegana, sí tienen una buena selección de zapatillas 'náuticas' y de esparto, que son comodísimas y perfectas para la época de verano. Su precio ronda los 50€ y tanto mi chica como yo los usamos todo el verano. Nuestro modelo favorito es el que podéis ver en la foto, y ambos lo usamos en nuestro viaje a Tailandia este verano y son una maravilla. ¡Igual que andar descalzo! Podéis ver su modelos aquí, pero mucho cuidado con los materiales, recordad que no todos sus modelos son vegan friendly.



Flamingos Life



Una de mis marcas favoritas. Todos sus modelos son veganos, y si bien empezaron presentando en sus colecciones cangrejeras y zapatillas tipo Vans (que son las que he usado por el momento), ahora están abriendo nuevos horizontes y comienzan a lanzar nuevos estilos, más de vestir, además de su propia línea de mochilas. Los precios aproximados oscilan entre los 45 y los 70€ y podéis disfrutar de su catálogo completo en su web, donde además podéis leer más sobre su maravillosa política de empresa.

Slowwalk




¡Y llegamos al punto final con el gran descubrimiento de la temporada! Slowwalk ofrece una línea exclusiva y de edición limitada que parte de retales de lona tintadas de aguas sin productos químicos con suelas de goma de latex natural. Su proceso de fabricación es a mano y artesanal, lo que reduce el consumo energético, disminuyendo así las emisiones de CO2. Además para su línea vegana cuentan con el certificado de protección animal “Vegan Approved” de PETA y “Animal Free”, que asegura su fabricación completamente libre de cualquier componente animal. Podéis ver su colección vegana entera en su web.

Sinceramente, es posiblemente el calzado más cómodo que he utilizado hasta ahora. No lleva costuras, son muy acolchadas a la hora de caminar y tienen una calidad increíble. Su precio ronda los 70€, que sin duda los doy por bien invertidos.



Y bien.. ¿cuáles son vuestros favoritos? ¿Habéis probado alguna de las marcas que recomiendo? ¿Conserváis el calzado con productos animales que teníais antes de haceros veganos?

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:)

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Crema de verduras otoñal

diciembre 07, 2017 Mi vida en color verde 0 Comments


¿Ya se nota el frío, verdad? Y si sois como yo, ha llegado la hora de preparar sopas y cremas ricas prácticamente a diario.

Cuando hago cremas, normalmente no suelo repetir receta, ya que suelo utilizar las verduras que tengo por la nevera a punto de ponerse malas, pero esta vez me ha quedado especialmente rica y he querido anotar los ingredientes y compartir la receta con vosotros.

Ya veréis qué sencilla y qué rica queda...además he usado alguna especia que no suelo utilizar otras veces en este tipo de cremas, y desde mi punto de vista le da un toque "otoñal" a la receta muy rico.



Ingredientes:

1 coliflor entera (si es de tamaño muy grande, sólo la mitad)
2 boniatos de tamaño mediano
2 zanahorias grandes
1 calabacín pequeño (sin piel)
1 cebolla grande
1 litro de caldo de verduras
Especias (cúrcuma, jengibre y canela)
Sal al gusto

Extras:
Levadura nutricional
Semillas de sésamo

Preparación:

Como os comentaba, la receta es sencillísima y yo me complico la vida lo menos posible cuando preparo este tipo de cremas. No debería de llevaros más de 10 minutos ponerla en marcha.

Empezamos caramelizando la cebolla picadita en un fondo de aceite de oliva virgen extra (si no queréis usar aceite, podríais incluso hacerlo con un pequeño fondo de agua e hidratando la cebolla poco a poco). Cuando ya empiece a caramelizar (suele tardar unos 5 minutos a fuego lento), añadimos todas las especias a la mezcla. En este caso he utilizado una cucharada sopera de cúrcuma, una cucharada sopera de jengibre y una cucharada sopera de canela. Estas dos últimas le darán a la crema ese toque otoñal del que os hablaba, mezclando el toque picante del jengibre con el dulzor de los demás ingredientes y la canela.

Terminamos de caramelizar la cebolla junto con las especias y directamente añadimos el resto de ingredientes bien picaditos (podríais añadirlos también en trozos grandes, pero entre que se carameliza la cebolla, podéis ir picando todo lo demás en trozos pequeños, así terminarán antes de cocer).

Finalmente, añadimos 1 litro de caldo de verduras previamente calentado en un cazo (las opciones son muy variadas y hay diferentes marcas en el mercado). También podríais hacerlo vosotros casero...en este caso, yo he utilizado el de la marca Herbamare, ya que me parece el más rico.

Cocemos todo a fuego medio hasta que los ingredientes estén blandos (yo lo paro cuando el boniato está cocido, ya que es lo que más tarda de todos los ingredientes). 

Una vez listo, pasamos por la batidora.

Cada uno tiene sus gustos, a mí personalmente me gusta que quede más líquido que espeso...digamos con textura más de crema que de puré. Como el caldo de verduras lo tendréis que calentar en un cazo aparte, si queréis una textura más espesa, siempre podéis añadir menos cantidad de caldo y una vez ya pasado por la batidora, añadir algo más poco a poco para darle una textura más ligera.

Una vez se temple un poco, podéis probarlo y corregir el punto de sal. Normalmente yo solamente añado una pizquita al final, ya que el caldo de verduras suele darle el toque perfecto.

¿Toque final para hacer la crema incluso más rica?

Una vez servido en el plato, yo añado una cucharadita de levadura nutricional y semillas de sésamo. En este caso, os quiero recomendar las de la marca Ecoriginal, que vienen caramelizadas y en distintos sabores. Para este plato, he utilizado las de cebolla y tomate y le va perfecto.

Como podéis ver, no siempre hay que complicarse en la cocina para hacer platos ricos. Espero que la probéis y que os guste ese toque otoñal que he intentado darle.

Como siempre, si probáis la receta, espero vuestras fotos y comentarios por Instagram, donde también estaré para resolveros cualquier duda.

¡Un abrazo!


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Viajar como vegano: Mi experiencia en Tailandia, anécdotas y consejos

julio 15, 2017 Mi vida en color verde 0 Comments



¡Hola a todo el mundo!

Los que sigáis más de cerca mis andanzas en Instagram, sabréis que mi chica y yo acabamos de volver de un viaje de dos semanas por tierras Tailandesas. Concretamente hemos visitado las ciudades de Bangkok y Chiang Mai, incluyendo una escapada a un santuario de elefantes, y hemos finalizado el viaje en Railay Beach, una de las maravillosas islas de Krabi. 

Aunque he ido publicando algunas fotos y contando experiencias y anécdotas, sin duda uno de los mensajes que más he recibido en los últimos días es que por favor haga una crónica detallada sobre el viaje, ¡así que allá voy!



Los vuelos

Cuando reservamos el viaje, utilizamos el buscador Skyscanner para realizar la comparación de precios, y finalmente nosotros volamos con Air China desde Londres. Concretamente salimos desde el aeropuerto de Heathrow hasta Beijing, y allí realizamos una escala para unir con otro vuelo a Bangkok.

La mayoría de las compañías os dará la opción de solicitar un menú vegano a la hora de reservar los vuelos, y si bien siempre estuvieron al tanto de que teníamos un “special menu”, no tenían tan claro el concepto de vegano. He aquí mi primera crítica a los señores de Air China: ¡si no sabéis lo que es una opción vegana, no la ofertéis!

En el vuelo Londres-Beijing viajamos durante toda la noche, así que las comidas que hicimos durante el vuelo fueron la cena y el desayuno. Para la cena tuvimos suerte: arroz con verduras y salsa de tomate, un bollito de pan con margarina y fruta. El desayuno fue un auténtico desastre: croissant con mantequilla y yogur con leche de vaca. Por supuesto, hicimos el intento de explicar que aquello no era vegano, aunque sin gran éxito…salvo que queramos calificar como éxito el haber recibido a cambio un minúsculo cuenco de fruta que incluía exactamente 1 rodaja de manzana, 1 rodaja de naranja y 2 uvas; todo rancio.

En el vuelo post escala Beijing-Bangkok nuevamente teníamos incluida la cena, y esta vez también tuvimos suerte. Pasta con salsa de tomate y brócoli, el famoso bollito con margarina y fruta.

Después de la estancia en Bangkok, cogimos un domestic flight a Chiang Mai de una hora de duración, con lo que no incluía nada, y tras Chiang Mai volamos a Krabi. El trayecto era tan solo de 2 horas, pero aún así incluía aperitivo. Un sandwich de jamón y queso, que por supuesto rechazamos muy cordialmente nada más verlo, y un vaso de agua. 

Durante el trayecto de vuelta Krabi-Bangkok ofrecieron un burrito de pollo que nuevamente rechazamos y una barrita de arroz inflado y leche de coco que por suerte resultó ser vegana.

En el trayecto final, donde nuevamente repetimos con Air China realizando los vuelos Bangkok-Beijing con posterior escala Beijing-Londres, volvimos a repetir experiencia con el desayuno. Para la comida, en uno de los vuelos nos volvieron a poner la pasta con tomate, y en el vuelo final, pecaron una vez más con una lasaña rebosante de queso que por supuesto no pudimos tocar.

¿Conclusión?

Aún cuando os den la opción de elegir la opción vegana al reservar el vuelo, por favor, no os fiéis. Son muchas horas de vuelo, y desgraciadamente es una opción que suelen desconocer y básicamente la cuentan como vegetariana. A veces toca un golpe de suerte y resulta que lo que te ponen es accidentalmente vegano…pero se quedará en eso, en suerte. Como pequeño dato, nosotros ya veníamos escarmentados de nuestro anterior viaje a California, donde volamos con la compañía Norwegian desde Londres a Los Angeles, menú vegano reservado con anterioridad, y estuvimos en las mismas. No puedo hablar por todas las compañías, pero mi experiencia con estas dos, viajando a polos opuestos del mundo, ha sido idéntica.

¿Cuál es la solución?

¡Snacks por un tubo! Como os comentaba, esta vez veníamos escarmentados y nos enfrentábamos a una primera espera en el aeropuerto de Londres, seguida de un vuelo de 11 horas a Beijing, una posterior escala de 5 horas (a las que finalmente sumamos 3 horas extra de retraso), y un vuelo final de 5 horas más. Teníamos claro que íbamos a estar ansiosos, desesperados, aburridos y hambrientos. Además, no esperéis que el inglés os salve en los aeropuertos asiáticos o incluso en los vuelos, ya que la mayor parte de los productos que venden en las tiendas, solo cuentan con ingredientes en su idioma.

En nuestro caso preparamos seitán casero y llevamos dos súper bocadillos cada uno con seitán, lechuga, tomate, queso vegano, cebolla y veganesa. Además cargamos con frutos secos, fruta deshidratada, patatitas, unas bolitas caseras de dátil, cacao y avena, gominolas veganas, barritas energéticas…¡fuimos a tope, y no nos sobró prácticamente nada! Si hacéis escala en China, cuidadito con la fruta, ya que no se puede meter al país, así que tendréis que tirarla si no os la habéis comido durante el vuelo.

Nuestro truco estrella fue comprar un set de recipientes para líquidos que diese la medida del equipaje de mano, y llenamos todos y cada uno de ellos con leche de soja (en total, algo más de medio litro) para disponer de un poco de leche para usar en todos los cafés que nos fueron ofreciendo durante el vuelo, ¡y no sabéis cómo lo agradecimos! Otra opción es que paséis el control con un termo vacío, y una vez dentro, pidáis en alguna cafetería que disponga de leche de soja, que os lo llenen con leche de soja hirviendo y os cobren el precio correspondiente al café. Estarán encantados de hacerlo y saldréis ganando, de verdad. Como siempre digo, no tengáis miedo a preguntar. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Bangkok


Y llegamos a la ciudad más caótica que hemos visitado nunca. Los contrastes entre riqueza y pobreza llaman la atención en cada esquina.

Ya habíamos hecho una búsqueda bastante detallada sobre dónde queríamos comer antes de realizar el viaje, pero cuando abrimos HappyCow (una app que imagino conozcáis y que localiza todos los sitios veganos, vegetarianos o con opciones de acuerdo a tu localización), el móvil se volvió loco. Existe una gran abundancia de sitios con opciones, aunque nosotros optamos por visitar locales 100% veganos o en su defecto vegetarianos con opciones.


¡Ojo con comer por puestos callejeros o visitar otros locales con sección vegetariana en su carta! (Y eso va por todo Tailandia). Incluso figurando como vegetariano, cocinan el 99% de sus verduras con salsa de ostras, muy presente en su cocina. Deberéis de haceros entender si queréis intentar que os preparen el plato sin usar su salsa. Lo mismo va para los arroces con verduras…aunque no figure detallado en la carta, en el 90% de los casos llevará salsa de ostras y huevo.

¿Mi sugerencia? Daros un caprichazo y visitad algunos de sus locales más top, donde podréis disfrutar de la abundancia de sus cartas sin preocuparos de los ingredientes no deseados que podáis encontraros. Los locales que os recomiendo son bastante más caros que la media general de Bangkok, pero aún así, mucho más baratos que la media general que pagaríais por esa misma comida en Madrid por poner un ejemplo o por supuesto, Londres. 



¿Dónde comimos nosotros?

Veganerie Concept



Sin duda mi sitio favorito de todos los que visitamos en Tailandia y lo considero una parada obligatoria si visitáis Bangkok. Una carta infinita (en serio, páginas y páginas) con una variedad de platos de diferentes estilos. No importa lo que busques, lo encontrarás en su carta 100% veganizado.

Nosotros decidimos pedir varias cosas para compartir y como siempre, nos dejamos llevar un poco más de la cuenta.





Aquí iniciamos nuestra rutina de pedir un montonazo de platos para compartir y así probar más opciones de la carta. En este caso como entrantes pedimos los rollitos de primavera con pesto y las alitas de coliflor picantes. Como principales, la pasta carbonara y su plato estrella, los gofres con pollo vegano, servidos con sirope de coco y acompañados de ensalada césar. Una auténtica bomba. No nos quedaba sitio para el postre, aunque bajamos la comida con un par de tés tailandeses (una especie de té helado servido con nata). ¡Dignos de probar!

Al cambio, el precio de todo lo que veis no sobrepasó los 25 euros.


Broccoli Revolution


Después de una gran decepción con el desayuno del hotel, optamos por visitar Broccoli Revolution a eso de las 12:00h del mediodía e hicimos una comida tipo brunch.

Al igual que Veganerie, el local tiene su encanto y la presentación de los platos es de 10. Otro de esos locales en los que normalmente no podrías permitirte dejarte llevar y pedir lo que te apetezca de la carta sin control, pero sí, allí puedes hacerlo sin sentir el puñal clavarse en tu corazón y cuenta bancaria.



Tal vez no se aprecie demasiado en las fotos, pero el tamaño de las raciones era gigantesco. Para beber, kombucha de fresa y piña preparada por ellos mismos. Para comer, compartimos el burrito de desayuno a base de revuelto de tofu, el smoothie bowl de mango y lima con toppings de semillas, frutos secos y fruta variada, y las tortitas de la casa servidas con fruta y sirope de arce...las mejores que he comido en mi vida sin duda alguna.

El precio del desayuno/comida subió al igual que en Veganerie a unos 25 euros, siendo lo más caro las dos kombuchas.

May Veggie Home


No tengo muy claro cómo plantearos qué me ha parecido este local sin quedar de raro, porque todas las críticas que tiene son espectaculares, pero a mí me ha parecido asqueroso. Literalmente no salvo nada de todo lo que probamos…y no fue poco. ¿Tal vez hicimos muy malas elecciones?

El caso es que al contrario que a mí, a mi chica le encantó la comida y el resto de gente comiendo allí no parecía quejarse de lo que comía. 

Local mucho más campechano (absolutamente nada que ver con los anteriores), carta amplia y precios mucho más igualados a la media de Bangkok. Compartimos una buena selección de platos entre entrantes y principales y terminamos con un postre del que tampoco tengo nada bueno que decir. Qué le vamos a hacer.

Compartimos unos rollitos de bacon vegetal relleno de champiñones, dumplings, brochetas de pollo vegetal estilo oriental y pad thai. Para beber, té tailandés helado y de postre un pedazo de tarta de chocolate. Precio aproximado al cambio: 20€.

Rasayana Retreat



¡Lo que gozamos de esta comida! De lejos el sitio más caro de todos los que visitamos, y aún así con un precio de risa comparado con los crudiveganos a los que habíamos echado el ojo aquí en Londres.

Teníamos ganas de probar este tipo de comida, y la verdad es que estábamos un poco saturados de tantísima comida procesada, así que nos apetecía una opción más sana y fresca, y a este sitio también le teníamos echado el ojo, así que nos animamos y salimos absolutamente encantados.




Para beber, un smoothie cada uno, el mío de plátano y tahini...un locurón. Para comer, empezamos con una ensalada césar, seguido de unos rolls de sushi y pizza hawaiana, todo crudivegano. Para terminar, tarta de queso y bocadito de caramelo. Una auténtica experiencia. Pagamos algo más de 35€ por todo.

Chiang Mai


Y llegamos a Chiang Mai, uno de los lugares con más encanto que he visitado nunca. No sabría describir exactamente qué es lo que la hace tan especial, pero te hace sentir en casa. Clima agradable, un ambiente infinitamente más relajado y ‘familiar’ que en Bangkok, puestos de fruta abarrotando las calles y comida riquísima a precios de risa.

La parte mala de la ciudad es que está abarrotada de turismo con animales. Si bien afortunadamente no nos tocó presenciar nada en primera persona, os cansaréis de ver mil y una ofertas sobre “santuarios” de elefantes que de santuarios tienen poco o nada, ofertas para realizar paseos en elefante, hacerte fotos con monos encadenados o tigres drogados…una verdadera pesadilla. Como factor positivo, además de la magia que desprende la ciudad y la posibilidad de encontrar la mejor fruta que hemos probado nunca y muchas opciones veganas, os quiero hablar de un santuario de los de verdad. Se trata de Elephant Nature Park, uno de los pocos santuarios de elefantes (de los de verdad) que existen en el mundo.

Elephant Nature Park


Aproximadamente a 60km de la ciudad, tras 1 hora en furgoneta desde el centro de Chiang Mai, se encuentra este maravilloso santuario de elefantes situado en plena naturaleza que ha sido fundado en los años 90 y da cobijo no solo a elefantes rescatados, sino también a búfalos, perros y gatos callejeros, y algún que otro animal que ha ido a parar a su puerta.

No vayáis con miedo o inseguridades, ya que os aseguro que acabaréis la jornada en el santuario con la tranquilidad y la paz mental de saber que habéis invertido vuestro tiempo y dinero en una experiencia inolvidable y además estaréis ayudando a esos seres tan maravillosos que tan explotados están por la industria turística en Tailandia.

Ante todo prohibido montar a los elefantes, invadir su espacio personal sin el permiso de los especialistas a su cargo o cualquier conducta que pueda suponer un rato desagradable para los animales.

Durante el trayecto en furgoneta desde el centro de Chiang Mai, se proyecta un pequeño documental donde explican la vida tan dura que llevan estos animales por culpa de nuestros caprichos e informan de forma detallada sobre sus conductas y comportamiento. Ante todo recalcaban que no podían asegurar ni fotos con los elefantes, ni que fuesen a ir al río para bañarte con ellos, ni tan siquiera que se acercasen. “Somos sus invitados, vamos a llegar a su casa, y ellos serán los que decidan si quieren darnos la bienvenida”. Cuando dijeron aquello, sabía que estábamos llegando al sitio correcto.

Dentro del propio santuario, disponen de varios centros de rehabilitación, donde pueden verse elefantes heridos trabajando con los voluntarios y expertos para recuperarse lo antes posible, y afortunadamente, se respiraba paz y agradecimiento. 

Como bien nos comentaban, algunos elefantes eran más reacios a la compañía, y enseguida nos avisaban para no acercarnos más y darles su espacio. Simplemente nos invitaban a admirar su grandeza antes de seguir la ruta.
En otras ocasiones, eran ellos los que venían corriendo a saludarnos y buscar cosquillas, caricias o comida. Inolvidable.

Nosotros reservamos la visita de 1 día, ya que nuestra estancia en Chiang Mai fue bastante corta. El precio de la visita es aproximadamente de unos 60€ por persona, e incluye la visita, el traslado al parque y la comida en el propio parque. ¡Y sí, podemos comer! Preparan un buffet enorme y todo lo que ofrecen es vegetal. Patatas, currys, arroces, ensaladas, noodles…una gran variedad donde elegir. Aún con la certeza de que todo era al menos vegetariano, ya que estaba anunciado en un pequeño cartel, nosotros optamos por los platos más ‘limpios’ en cuanto a aspecto, ya que no queríamos arriesgarnos a que algunos de los platos más elaborados o con ingredientes camuflados llevase huevo.

Si optáis por ir, vuestro día empezará aproximadamente entre las 8:00 o las 9:00 de la mañana, dependiendo de si queréis salir desde la oficina de Elephant Nature Park o que os recojan en el hotel. Desde allí, trayecto de más o menos 1 hora hasta el santuario, y comenzaréis la visita.

A primera hora de la mañana, se da de comer a los elefantes y luego durante aproximadamente 1 hora y media se recorren las instalaciones, visitando a los diferentes grupos de elefantes en rehabilitación y conoceréis sus historias de primera mano. También visitaréis el refugio de perros y gatos.

Aproximadamente a las 13:00h se hace el descanso para comer y dispondréis de 1 hora y media aproximadamente de tiempo libre para descansar y disfrutar del entorno. Después llega la tan esperada visita al río para disfrutar del ritual de baño de los elefantes. 





Finalmente, la jornada acaba sobre las 16:00h con la vuelta al centro de Chiang Mai.

Para más información podéis visitar: https://www.elephantnaturepark.org/

¿Dónde comimos nosotros?

¿Ya os aburríais sin ver comida, eh? Aunque los restaurantes en Chiang Mai no tienen una estética tan cuidada como los de Bangkok, tienen una comida mucho más casera y semejante a la comida que esperarías encontrarte en Tailandia. 

Como os comentaba, nuestra estancia en Chiang Mai fue más bien cortita. Llegamos un día por la mañana y tras dejar las cosas en el hotel y comer un par de snacks que llevábamos en la mochila, salimos pitando hacia Doi Suthep para visitar su precioso templo. Ya había llegado la hora de comer y estábamos en el medio de la nada, así que tuvimos que llenar los estómagos con la fruta y los smoothies de los puestos de su mercado y unos cuantos cocos. Totalmente acertado…¡qué sabor!





Cuando volvimos al centro de la ciudad, decidimos estirar las horas haciendo un poco de turismo y visitamos el que es posiblemente el restaurante vegetariano más famoso de la ciudad.

Taste from Heaven


¡Cuidadito! Vegetariano, que no vegano. Prácticamente toda su carta es vegana y las cosas que no lo son, pueden adaptarse y os las preparan veganas, aunque tenéis que estar atentos a los símbolos de la carta e indicarlo cuando vayáis a pedir.

Ya que era nuestra primera experiencia culinaria en aquellas tierras y los precios eran de risa (sumado a que aquel día sólo nos habíamos saciado a base de fruta), pedimos un montonazo de cosas para probar. 

La inmensidad de comida que veis en las fotos no llegó a los 20€...y todo estaba espectacular.







El segundo y último día en Chiang Mai fue cuando hicimos la visita al santuario y como os había contado, la comida era modo buffet y estaba incluída en la “day visit”. Bastante sencilla, pero rica y contundente. ¡Fuimos a por lo seguro!


Al volver del santuario, nos dejaron directos en el hotel, así que aprovechamos para darnos una ducha, disfrutar un poco de la piscina y dejar las mochilas listas para esa madrugada, ya que a las 3:00h nos tocaba salir rumbo al aeropuerto. 

Una vez listos y con un cansancio descomunal encima, salimos dando un paseo y guiándonos por HappyCow dirección a Maya Mall, un centro comercial cercano en el que podían encontrarse un par de opciones.

Finalmente nos decantamos, cómo no, por lo más gordo de todo…

Wrap Master

¡Y madre mía! Qué locurón de burrito. De verdad, ni en España, ni en América, ni en Inglaterra había probado antes semejante bestialidad. El sitio en sí no es vegano, aunque tienen varias opciones (modo burritos ya preparados bien marcados como veganos) o puedes preparar el tuyo al gusto y añadir ingredientes sin fin. ¿Adivináis por lo que nos decantamos?


Los dos burritos con sus respectivas raciones de patatas, nachos y salsas, salieron aproximadamente por 15€ en total.

Railay Beach



A las 6 de la madrugada salía nuestro vuelo dirección a Krabi, donde enlazaríamos con nuestro transfer para poner rumbo al paraíso, también conocido como Railay Beach. Montañas verdes y rocosas, agua cristalina y templada, sol, y no demasiada gente. ¿Qué más se puede pedir? Pues bueno, lamento deciros que no comida vegana.

Os cuento. Si vais a viajar a alguna de las islas de Tailandia, ya sea alguna de las de Phuket, Krabi, o lo que sea…tenéis que ir preparados. Ya sea preparados con mucha comida en la maleta, o preparados para sobrevivir a base de fruta y/o comida basura.




Nuestro recuerdo de Railay es increíble y volveríamos sin duda alguna, pero realmente fue la primera vez en todo el viaje que nos tocó desesperarnos a la hora de encontrar comida. Al ser una isla pequeña, no hay ningún supermercado propiamente dicho, simplemente pequeñas tiendas pensadas para turistas donde venden protector para mosquitos, crema solar, frutos secos bañados en aceitorro y sal, patatitas, cervezas y poco más. Ni tan siquiera era posible comprar fruta.

Abríamos HappyCow y no nos detectaba nada. Buscábamos en google y las opciones que aparecían ni tan siquiera existían ya o se encontraban a km de Railay en sitios solamente accesibles por barco.

Tocaba buscarse la vida, y no iba a ser divertido.



En nuestro primer día desconocíamos la existencia de una calle llamada “Walking Street” que une las playas Este y Oeste de la isla con un paseo agradable con varios restaurantes familiares y algunos bares, así que a simple vista lo único que creíamos accesible era la paradisiaca playa (donde no había puestos de ningún tipo, ni tan siquiera para hacernos con algún smoothie), o los hoteles escondidos por la isla (todos ellos con su propio restaurante).

Tras ver aproximadamente unas 10 cartas (todas ofreciendo lo mismo), encontramos un hotel que disponía de dos páginas de menú vegetariano. Por supuesto, todo bañado en queso, o huevo, o incluso salsa de pescado. Viendo que era nuestra única opción, decidimos sentarnos y pedir las opciones que menos modificaciones necesitasen y ahí comenzó nuestra aventura por hacernos entender.

Railay Princess Resort & Spa

Tras varias idas y venidas con un par de camareros que no entendían absolutamente nada de lo que decíamos, finalmente vino una de las chicas que trabajaba en la cocina, que aunque entendía inglés, parecía no entender el concepto de vegetariano o mucho menos vegano. “Vale, vegetariano, no carne. ¿Pollo entonces?”. Imaginaros la situación.

Finalmente opté por preguntar si los platos ya estaban preparados o los hacían ellos y fui señalando uno a uno los ingredientes que sí quería y los que no. El resultado fue una comida bastante sencilla pero satisfactoria.


Los precios en Railay son mucho más caros que la media de Tailandia. Aún así, la comida que veis en la foto, una botella grande agua y un par de cervezas no subieron a más de 25€.

JOY Beach Bar

Una vez descubrimos la “walking street” se nos abrieron un poco más las posibilidades cuando encontramos un sitio en el que preparaban pizzas no congeladas. Tenían un horno de leña y al contrario que en el resto de sitios que daban pizzas, las preparaban al momento y eran modificables. La pizza con verduras y sin queso nos salvo en un par de ocasiones, y la verdad es que la disfrutamos bastante con una cerveza fría. Precio aproximado por pizza: 5€


Railay Family Restaurant

Otra de las opciones más accesibles en la “walking street” de West Railay es este pequeño local familiar. Tienen gran variedad de platos señalados como vegetarianos y preparan los platos en el momento. Tan sencillo como confirmar con ellos que no lleven salsa de ostra, huevo o leche. Incluso podréis pedir que os preparen platos específicos mezclando los ingredientes de otros platos. Por ejemplo, tenían un curry de verduras con pollo que nosotros cambiamos por tofu. Entienden bastante bien inglés y no tendréis demasiado problema con ellos. El precio aproximado por dos cocos, y la comida que veis en las fotos, unos 12€.





Kohinoor

También conocido como nuestra segunda casa en Railay jajaja. Desde que lo descubrimos estuvimos allí prácticamente a diario, muchas veces incluso para comida y cena. Pequeño restaurante de comida india, con gran selección de platos vegetarianos, algunos de ellos ya veganos, otros adaptables. Comida rica, de calidad, personal encantador y muy atento. Mi gran recomendación si tenéis pensado visitar la isla. Por un par de platos que su arroz de acompañamiento, un entrante y bebida para dos, pagaréis unos 15€ por comida.



¡Y hasta aquí ha llegado el viaje!

Espero que hayáis disfrutado de este pequeña crónica/recopilación y que haya solventado algunas de las dudas que me preguntabais a través de Instagram. Para cualquier otra cosa, no dudéis en contactarme a través de mis redes sociales o en la sección de comentarios de esta misma entrada.

Un abrazo gigante, y que nos leamos muy pronto.



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