junio 15, 2016 Mi vida en color verde 0 Comments

Mi nombre es Guillermo, pero para los amigos soy Guille. Hace unos cuantos años todo lo que creía entender dejó de tener sentido. Abrí los ojos y empecé a ver la vida en color verde...y tú también puedes hacerlo. 

Nací un diciembre de 1989 y como la mayoría de nosotros, me he criado como cualquier otra persona. Nunca me he considerado un amante de los animales ni mucho menos me he preocupado por llevar una alimentación sana.

Desde pequeño he tenido contacto con animales de granja. Cuando era un niño y pasaba los fines de semana en el pueblo de mis abuelos, no era raro toparme con alguna matanza, ni mucho menos rodearme de vacas, gallinas, conejos y demás animales que de alguna manera u otra más tarde acabarían en mi plato. Y para qué mentir, no me importaba lo más mínimo. Al fin y al cabo…eran mi alimento.

Fue allá por el 2009 cuando comencé mi andanza universitaria (soy Graduado en Enfermería y llevo ya casi 3 años viviendo en Inglaterra ganándome la vida) y el comer mucho y mal comenzó a pasarme factura y decidí empezar a cuidar mi alimentación. Me forcé a comer verduras. Sí, las detestaba. Era el prototipo de estudiante con alimentación desastre a base de pizzas congeladas, embutidos, patatas fritas y Coca-Cola a raudales (eso sí, Light). A la vez que trataba de introducir hábitos saludables empecé a aumentar en gran medida el consumo de frutas y verduras y dejé a un lado las carnes rojas, ya que nunca las había disfrutado demasiado y a golpe de click podía encontrar en cualquier sitio que no eran la opción más sana. ¿Pollo y pescado? Sí, por favor. Y huevos y todo el embutido que pueda llevarme a la boca. No tenía remedio y las vidas ajenas no me importaban lo más mínimo. Aquello no estaba funcionando.

Durante mi cruzada en busca de una alimentación que por aquel entonces yo considerase sana y que a su vez me resultase satisfactoria, topé con el vegetarianismo y sus mil variantes que a día de hoy sigo sin entender demasiado. Una cosa llevó a la otra y en el medio de búsquedas de recetas y artículos, empezaron a aparecer vídeos desagradables sobre cómo los animales eran tratados y cómo llegaban a nuestro plato. Supe que no quería ver más. No me importaban los animales ni mucho menos quería complicarme la vida (¡bastante tenía yo con buscar balance en mi dieta!).

Pero algo cambió. Poco, pero algo sí que cambió. Cuando volvía a casa a pasar una semanas y me ponían delante mis comidas preferidas (la mayoría a base de carne o pescado, por supuesto), empecé a comerlas con desgana. Ya no me apetecían. No quería buscar la conexión entre lo que pasaba en mi cabeza, mi apetito, y el plato, pero inconscientemente empecé a hacerlo y tomé la decisión de hacerme vegetariano. Decía que por salud y por asco, pero dentro de mí yo sabía que había algo más. Algo que me incomodaba y ya no me hacía sentir bien conmigo mismo.

Fue un año de idas y venidas en los que atiborrarme a base de tortilla, leche y queso no suponía ningún problema. También fue el año en el que me mudé a Inglaterra y descubrí una infinidad de productos y carnes falsas que lejos de ser saludables, cobraron el protagonismo de mi dieta y me mantenían feliz. Aquello era fácil, muy fácil.

Y llegó la noche. Fue en abril de 2014 cuando en un momento de aburrimiento encendí el ordenador y comencé a buscar documentales de temas variopintos, hasta que por casualidades de la vida (no creo en ellas) llegué a Earthlings. Y marcó un antes y un después. No podía quitarme el nudo de la garganta. Estaba desconcertado. ¿Por qué les hacíamos eso? Aquella noche no pegué ojo. Estaba nervioso, sabía que no podía empezar un día más de la misma forma. Y decidí hacerme vegano.

Realmente algo cambió drásticamente dentro de mí. No podía ver el mundo de la misma manera. No podía ver a los animales como objetos a los que usar. Comprendí el abuso y la tortura detrás de todas estas industrias que tanto daño causan al mundo. Y no quise formar parte de ello.

Entré en un estado de euforia. No paraba de informarme, de compartir todo lo que sabía con mi entorno más cercano. Empecé a sentir empatía, amor y respeto de una forma que antes desconocía. Mi vida cambió a mejor.

Hoy hace ya más de dos años que tomé la mejor decisión de mi vida, y por eso estoy aquí. Para difundir el mensaje a través de mis experiencias diarias. Para hacer ver que yo era como cualquier otro y ahora soy una persona totalmente diferente. Que estoy lleno de pasión y de energía. Y que esto, llamado veganismo, es lo más bonito que le puede pasar a este mundo.


“SÉ EL CAMBIO”.